Aunque, a priori, sólo pueda parecer una consecuencia antiestética en los dientes por una higiene bucal menos profusa de lo necesario, el sarro presenta varios peligros para la salud de la boca si se deja que se acumule de forma excesiva y no se trata a tiempo y adecuadamente por especialistas.

El sarro se forma con la calcificación de la placa bacteriana que se va quedando alrededor de las piezas dentales, como consecuencia de no haber limpiado adecuadamente restos de comida que se van mezclando con la saliva.

Retirar la placa bacteriana es posible con una limpieza detenida de los dientes, acompañando la acción del dentífrico y del movimiento del cepillo con el uso del hilo dental y de colutorios. Sin embargo, a medida que se endurece y se va formando el sarro, se necesita retirar con irrigadores o realizar una limpieza dental por parte de especialistas, como recomienda la gerente de la Clínica Dental Bucoral, María Teresa Bravo. 

En función de dónde se acumule la placa y se forme el sarro se pueden distinguir dos tipos de sarro:

  • Sarro supragingival: la placa bacteriana se va depositando por encima de la línea de la encía, con lo que, en el caso de su calcificación, se puede eliminar con una limpieza bucal.
  • Sarro subgingival: en este caso la acumulación se produce por debajo de las encías, con lo puede llevar a un mayor peligro si no se elimina mediante un tratamiento de raspado y alisado radicular.

Consecuencia de la falta de una limpieza bucal

Aún llevando una correcta higiene bucal diaria, desde la Clínica Dental Bucoral recomendamos, al menos, realizar una limpieza bucal al año, para retirar restos de sarro que pueden quedar entre los dientes. En algunos casos, incluso es conveniente llevar a cabo una limpieza cada seis meses aproximadamente, ya que hay persona que tiene propensión a acumular más placa y sarro. Especialmente esta recomendación se hace más que necesaria cuando dicha acumulación se produce a nivel subgingival, para evitar la inflamación de las encías y enfermedades periodontales. 

No retirar el sarro que va quedando en los dientes, además del aspecto antiestético y la halitosis (mal aliento) que genera, puede acarrear daños en la estructura de soporte de los dientes y una pérdida del hueso que, de no tratarse adecuadamente, puede suponer la pérdida de la pieza dental