Comenzar un tratamiento de ortodoncia en niños siempre supone trastocar planes familiares, por lo que la visita al dentista suele acabar retrasándose respecto al tiempo en el que es recomendable actuar. Y es que, si se tiende a pensar que este tipo de tratamientos tiene como fin posicionar correctamente las piezas dentales, ¿por qué hacerlo si el menor aún tiene los de leche?

La respuesta a esta pregunta va a depender de la edad del menor y del tipo de anomalía o malformación que pueda presentar en la boca. De hecho, si es un problema que está afectando al crecimiento y al desarrollo de los huesos de los maxilares hay que empezar a tratar a unas edades más tempranas, como recuerda María Teresa Bravo, gerente de la Clínica Dental Bucoral.

En estos casos, hay que actuar una vez que ya hayan erupcionado los primeros molares, a los 8 ó 10 años, comenzando a realizar la llamada ortodoncia intereceptiva: un tratamiento que se realiza para mejorar el desarrollo dental y esquelético antes de que salgan los dientes permanentes y cuyo propósito específico es corregir o interceptar maloclusiones y reducir el tiempo de tratamiento. Con ello se busca corregir problemas de mordida torcida por asimetría ósea o la mordida cruzada, es decir, cuando las piezas dentales de la arcada superior no coinciden en la mordida con las piezas de la arcada inferior.

De todas formas, también hay que tener en cuenta que es a partir de los 4 años cuando pueden aparecer problemas de maloclusión, ya sea derivados por determinados hábitos infantiles -como un uso excesivo del chupete o la succión de los dedos- o por el propio desarrollo de la boca resultante de la genética.

Si lo que existe es un problema de falta de espacio de los dientes, pero el desarrollo de los maxilares es adecuado y la mordida es correcta, sí se puede esperar al recambio de las piezas temporales, posterior a la caída de los dientes de leche. En estos casos, el tratamiento comenzaría, en función del desarrollo del menor, entre los 10 y los 12 años.

En cuanto a los aparatos que se suelen emplear en la ortodoncia infantil, los podemos encontrar fijos o removibles, en función del tratamiento y los objetivos que se persigan. Los primeros son los conocidos como ‘brackets’, que ayudan a corregir el crecimiento óseo de los dientes y malos hábitos, y de los que podemos encontrar modelos metálicos -más convencionales- o más discretos como los de zafiro. Por su parte, los aparatos removibles se pueden quitar fácilmente en cualquier momento y se utilizan fundamentalmente para alteraciones muy concretas. Eso sí, mientras más tiempo se lleven, mejor resultado dará el tratamiento.

En la Clínica Dental Bucoral somos conscientes que acudir al dentista no es precisamente una visita popular entre los más pequeños. Por ello, antes de iniciar cualquier tratamiento de ortodoncia infantil hacemos una primera consulta de toma de contacto, donde no hay ninguna intervención y, además de la revisión de las piezas dentales, se les comenta a los menores porqué es necesario el tratamiento que se les va hacer.

Y es que, estos pequeños pacientes, además de sus madres y padres, deben tener muy en cuenta que el principal objetivo de la ortodoncia es posicionar correctamente sus dientes, y ya no sólo por un fin estético, sino sobretodo para mejorar la salud.